La compañía Batsheva en Madrid en Danza

 

En su 31 edición, el Festival Internacional Madrid en Danza nos ofrece (y nos ha ofrecido desde el 18 de noviembre) buenísimas opciones en la capital hasta el 8 de diciembre. Desde ballet académico, a propuestas más contemporáneas, pasando también por el flamenco o la danza española. Todo un lujo -quizá sólo aún aprovechado por un público más específico- que representa justamente a esta desconocida disciplina artística como una de las más universales.

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Last Work, de Batsheva Dance Company

Centrándonos en una pequeña muestra del Festival -dentro de la programación de Teatros del Canal– destacamos el trabajo de Batsheva Dance Company, Last Work. Una pieza sorprendente, con extraordinaria fuerza, que nos habla, nos cuenta y nos transmite, a pesar de no incluir texto, durante algo más de una hora.

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Last Work, de Batsheva Dance Company

Los efectos sonoros y la sobria puesta en escena acompañan a 19 bailarines (si no hemos contado mal) que provocan sobre las tablas un vaivén de emociones incesantes, dejándonos boquiabiertos en más de una ocasión. Los cuerpos son las voces. A veces, transformados en animales. Otras, en micro organismos o figuras estelares.

Los movimientos que acompañan describen conceptos o dilemas humanos, aunque a ratos simplemente nos hipnotizan envolviéndonos en la atmósfera que pretende su director: el bailarín y coreógrafo Ohad Naharin. Que, por cierto, ¡también está presente! Y marca el ritmo directamente en el escenario mientras corre durante toda la obra sobre una cinta de gimnasio sin rumbo, como metáfora del paso del tiempo. Como el rotundo núcleo del grupo: en ocasiones homogéneo, en ocasiones individualista.

Estreno en España, Last Work solo tiene un pero: y es que únicamente ha estado en cartel 2 días. Sin duda –y sin “rintintín”- ¡una pena para quiénes os lo habéis perdido! ¡Bravo!

**Ver vídeo del Théâtre de Chaillot.

La fotografía documental de Bruce Davidson

 

Casi en el ecuador de su muestra nos apetece dedicar unas líneas a la retrospectiva que acoge, hasta el 15 de enero del 2017, la Fundación Mapfre. Por primera vez en Madrid, tras su paso por Barcelona, es un privilegio disfrutar de la experiencia y trabajo de uno de los mejores fotógrafos americanos del siglo XX: Bruce Davidson.

Bandas de Brooklyn, 1959. Nueva York

Bandas de Brooklyn, 1959. Nueva York

Bruce Davidson, 1960. Inglaterra

Bruce Davidson, 1960. Inglaterra

Si bien ya nos cautivó su coetánea Vivian Maier (de la que también nos hubiera gustado hablar en su momento. ¡Nos disculpamos por saltárnosla!), este gran intimista y humanista de la Magnum, nos envuelve en su mundo, en su gente y en sus barrios. Mientras la primera captaba la vida sutilmente a su paso como una perfecta testigo alejada de los márgenes, Davidson se adentra en cada imagen para mostrárnosla tal y como está sucediendo. Sin discreción, sin aislamientos, sin vergüenza. Se mete en las ciudades, en las casas y en los rostros. Como si diseccionara y recompusiera cada instante, mostrando desigualdad, injusticiadolor, tristeza, enfado, etc. Un sin fin de emociones, conjuntas e individuales, de una sociedad concreta, que habitan en un tiempo y en un espacio determinado. Y que, por tanto, otorgan alma propia a cada foto.

 Time of Change: Civil Rights Movement, 1961-1965. Nueva York

Time of Change: Civil Rights Movement, 1961-1965. Nueva York

La muestra plantea un recorrido cronológico por la trayectoria del artista dejando a su paso “la visión” de algunos países como EEUU, Reino Unido, París, Italia, México o España -entre otros-, presentándonos desde las series menos conocidas, hasta algunas de las más celebres como Brooklyn Gang, East 100th Street o Time of Change: Civil Rights Movement. Así como nuevos puntos de vista, maduros, más alejados, propios de sus últimos trabajos: Nature of Paris y Nature of Los Ángeles.

Volver atrás para “hacer un repaso” es una buena opción para quienes deseen contrastar o relacionar los primeros trabajos de los años 50, con los de las siguientes etapas (en mi opinión, más impactantes y desgarradores como el del barrio de Harlem, ¡alucinante!), para encontrar -quizá en esa comparativa individual de cada visitante- un hilo conductor más allá del que ofrece la propia historia gracias al presente elemento documental, al factor humano (y, por tanto, al dinamismo que jugamos en sociedad) y a la perspectiva única y personal del autor.

 

Un autor que, en sus propias palabras, encontró su camino en la vida a través de la lente de la cámara. La usó para plasmar sus sentimientos sobre el mundo. Y todavía lo hace.

**Recomendamos.

KOTTÉ: El multiverso de Jesús Ming

 

Riesgo, arte e investigación. Eso es KOTTÉ para Colectivo VIT.A. Una marca de moda joven y diferente creada en 2003 por Jesús Ming y Dominique Esposito. Su éxito: la estampación digital. Texturas ampliadas con un microscopio, sutiles motivos bélicos monocromáticos o formas simples cotidianas y naturales que nos recuerdan que en el diseño no hay nada escrito.

Como a nosotras, les surgirá una duda: ¿Jesús es KOTTÉ o KOTTÉ es Jesús? Hombre y marca confluyen en una especie de “contratendencia” original y transgresora. Un universo de universos aún por explorar que perfilan a su humilde impulsor…

VIT.A: ¿En qué momento te planteaste crear tu propia marca?, ¿y dónde viene KOTTÉ?

En el momento en que no entendía muchas de las cosas que conlleva el hecho de trabajar dentro de una empresa como creativo. Supongo que necesitaba libertad y marcarme mis propios tiempos.

«Nacie KATTO» significa corte en japonés. También era una marca de moda que se quedó por arrancar. Con un amigo, dos años más tarde, intenté registrar el nombre para empezar este proyecto pero ya estaba en uso. Así que empezamos a mover letras a ver cuál nos encajaba más, porque la K y la doble T no queríamos que se moviesen. KOTTÉ fue el resultado.

VIT.A: Si no hubieras sido diseñador, ¿a qué te hubieras dedicado?

Cualquier otra corriente dentro del mundo del diseño. Diseño gráfico, seguramente. Es algo que me encanta y con lo que me también me encuentro muy cómodo.

VIT.A: ¿Cuáles son tus máximas influencias y con qué te identificas más actualmente?

Sinceramente me cuesta contestar a esta pregunta porque no me identifico con nada en concreto. «Underground», Korine, Sonya Kydeeva y Spooky Black son los nombres que me vienen a la cabeza. Creo que ahora mismo busco lo natural.

logo-block-KOTTÉVIT.A: Si se puede saber, ¿en qué estáis trabajando?

Ahora hemos dado un giro muy grande. Ya no funcionamos con temporadas. Estamos con ediciones limitadas e iremos sacando, según el tiempo, un máximo de 20 prendas por modelo para no generar stocks.

VIT.A: Una peli, un libro y un grupo: «The Doom Generation», de Gregg Araki; «De lo espiritual en el arte», de Kandinsky; y, por supuesto, ELBIS REVER.

VIT.A: Por último, coméntanos brevemente tu experiencia en EXPLORA (¿repetirías?)

La experiencia fue muy positiva, sobre todo porque conocí gente de diferentes ramas del diseño muy interesante. Intercambiamos ideas y también surgió algún proyecto nuevo. Por supuesto que sí repetiría.

 

Un ARTISTA. Un amigo. Jesús Ming, ¡os deseamos toda la suerte del mundo!

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Nueva Colección: T.A.O.M – «The Ancients Of Mumu»

Mujeres de película. La otra historia del cine

Si pensamos en unir los términos mujeres y cine instantáneamente acudimos a los roles mitológicos femeninos reflejados tantas veces en las películas por la clásica construcción de personajes. Desde que el cine se considerada una alternativa de ocio, las mujeres en la pantalla siempre han bailado entre la pureza y la castidad, como la ingenua y romántica Mary Pickford encarnando a la “primera novia de américa” de luminosos rizos de oro, en la época muda; y su alter ego, la femme fatale, ese personaje inicialmente caracterizado por una vampiresa que por sus “acciones impuras” recibiría en la trama un castigo irrevocable, como aquellos que representaba la enigmática Theodosia Bara.

Sin embargo, lo realmente misterioso es que hayan sido tantas las mujeres que hayan decidido trabajar detrás de la cámara ocupando distintos roles hasta completar un film desde que se inventara el séptimo arte para crear y compartir experiencias o estímulos, tanto en la confección de historias, como en la producción, el montaje o la dirección de las mismas, y que sin embargo, hoy en día, muchas de éstas sigan siendo aún desconocidas e inaccesibles para el grueso del espectador medio.

Centrándonos en la dirección, uno de los primeros ejemplos que encontramos en la historia es el de Los hermanos Lumière o Georges Méliès y Alice Guy-Blaché o Lois Weber. Mientras los primeros forman parte del imaginario colectivo cultural de la sociedad occidental como los precursores del celuloide, Guy-Blaché apenas es recordada por su veintena de títulos entre los que encontramos varios géneros clásicos asociados inicialmente a los hombres, como el western, el policíaco o el de espionaje; ni por ser considerada esencial en la concepción del cine como una herramienta narradora con aportaciones semejantes a las de su colega, el gran Mèliés. Por su parte, la criticada Lois Weber, con un personal compromiso por el cine social antes de la llegada del sonoro y tratando temas tan en boga como el aborto o la prostitución, tampoco lo tuvo fácil siendo una de las creadoras más censuradas por la prensa, a pesar de ser igual de sobresaliente que sus coetáneos varones en lo que al uso de recursos fílmicos se refiere.

Leni Riefenstahl

Leni Riefenstahl

Estas dos madres del cine dirigido por mujeres seguramente sólo son una pequeña muestra de la historia del arte en general pero, junto a otras, han sido fuente de inspiración de multitud de cineastas posteriores que intentaron también hacerse un hueco en un arte tradicionalmente masculino. Y es que el cine, como el resto de disciplinas artísticas, siempre ha sido reflejo de una sociedad y un tiempo histórico determinado y todavía hoy resulta sorprendente el tratamiento sexista que en ocasiones nos encontramos. Porque, ¿cuántos nombres de mujeres directoras tenemos en la recámara?, ¿y cuántos conocemos de hombres?

EMPEZANDO A RECORDAR

Dando un salto en el tiempo, una vez surgiera el concepto de autoría en los años 50 por la reputadísima revista Cahiers du Cinéma, uno de los primeros nombres de mujer que resuena en el circuito cinematográfico es el de la alemana Leni Riefenstahl, fotógrafa, actriz y posteriormente directora que sirvió al régimen nazi con el cine propagandístico de El triunfo de la voluntad (1934) u Olympia (1938). Si dejamos a un lado su ideología, moralidad y sus cuestionables pretensiones, veremos que Riefensatahl ha sido considerada por la crítica como una de las directoras de culto por sus aportaciones formales, su estilo de planificación y su alegórico montaje.

Agnes Varda

Agnes Varda

Agnés Varda también ha sido rescatada del letargo de la memoria, abuela de la Nueva Ola Francesa que, gracias a La Pointe Courte (1954) dejó tras su paso un privilegiado e innovador uso de los recursos estilísticos y artísticos más notables del movimiento. En España, también ha habido mujeres cineastas destacables, como Ana Mariscal, que tímidamente fue labrándose El camino (1963) hasta conseguir ser valorada como una de las mejores directoras europeas del siglo XX. Bárbara Loden, o Wanda cuando se le identificaba por el nombre del personaje al que dio vida en su cinta bautizada de la misma forma, fue una aventajada del cine independiente en los años 70´ y una de las pocas cineastas norteamericanas de aquel momento de la que aún conservamos metraje. Volviendo a Europa, Catherine Breillat trabajó en Francia un cine documental cuyo eje central era la sexualidad y los problemas de género, primero en sus novelas y después en los circuitos comerciales del cine, erigiéndose como una de las creadoras más controvertidas en la materia. Por citar a una contemporánea, concluir este pequeño repaso mencionando a Kelly Reichardt, escritora, guionista y directora en activo que plantea nuevas propuestas como el western Meek’s Cutoff (2010), un género clásico enmarcado en la modernidad vista desde diferentes primas.

Lucrecia Martel, Claudia Llosa, Shola Lynch, Izíar Bollaín, Kathryn Bigelow… Todas ellas mujeres diferentes, con situaciones económicas y sociales diferentes, procedentes de lugares y tiempos diferentes. Nombres de directoras con discursos e intenciones diferentes; pero todos, nombres que arrastran la misma lucha histórica: la de ser profesionales igualmente reconocidas y con las mismas oportunidades de base. Mujeres que comparten “la lucha” de no ser encasilladas en ciertos moldes, temas e intenciones artísticas o la de no ser juzgadas siempre por desempeñar un rol asignado socialmente a otros. En cualquier caso, todas ellas, mujeres que han sufrido durante décadas las mismas injusticias y que tienen que defenderse, aún hoy en día, para seguir siendo eso: mujeres artistas, ¡mujeres de película! Así que, cineastas o no, ¡hoy va por todas vosotras!

*Artículo impulsado y escrito para el magazine on line The Sunny Street.