Call me by your name

Call me by your name es la adaptación cinematográfica de la novela homónima de André Aciman y la última película del director italiano Luca Guadagnino ( ‘Cegados por el sol’).

La cinta ha entrado en poco tiempo en todas las listas de las mejores del año 2017; y está nominada a los Oscar por mejor película, mejor actor (Timothée Chalamet), mejor guión (de James Ivory) y mejor canción (The mistery of love, de Sufjan Stevens).

La historia transcurre en una idílica campiña del norte de Italia donde Elio – (Timothée Chalamet) – se dispone a pasar otro despreocupado verano más en compañía de sus cultísimos y cosmopolitas padres, dedicado a oír música, leer, bañarse en el río, tomar el sol y flirtear con las guapas chicas del pueblo más cercano. Pero todo cambia cuando el padre de Elio invita a pasar unas semanas a un alumno suyo, Oliver – un adonis de la antigua Grecia-, para terminar su doctorado en cultura grecorromana. Pronto surgirá entre ellos una conexión especial que comenzará como una amistad y que irá derivando poco a poco en algo muy distinto. Algo que les cambiará para siempre.

La película es el retrato realista de un amor verdadero, de esos que llegan cuando no los esperamos, cuando ni siquiera somos capaces de entenderlos. Es un amor inocente, que no se fija en la edad, que no entiende de distinciones de género.

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El film nos regala grandes fragmentos como este:

’En tu situación, si hay sufrimiento, domínalo, y si queda alguna llama, no la apagues, no seas cruel. La ausencia puede ser algo terrible si nos mantiene despiertos toda la noche y ver cómo alguien nos olvida antes de lo que hubiésemos deseado no ayuda. Nos desprendemos de tantas cosas propias para poder curarnos lo más rápido posible que a la edad de treinta ya estamos en bancarrota y cada vez tenemos menos que ofrecer cuando empezamos una nueva relación con alguien. Sin embargo, no sentir nada por miedo a sentir algo es un desperdicio… ¿Me equivoco?’. Repito: ‘No sentir nada por miedo a sentir algo es un desperdicio’.

Call me by your name nos habla de ese primer amor que nos desgarra y de esa necesidad física de estar pegado al otro, de confusión, de aceptación y de dolor. Una historia con la que cualquier espectador se siente irremediablemente identificado y seguramente aturdido.

Luca Guadagnino nos deleita con elegancia y ternura, acompañándose de una exquisita y ecléctica banda sonora – que incluye a Bach y a Franco Battiato, composiciones de Ryuichi Sakamoto, éxitos de los ochenta y un par de canciones originales de Sufjan Stevens – haciéndonos partícipes de esa historia de amor.

El cine – al igual que otras muchas artes – puede cambiar nuestra perspectiva, mejorarla e incluso hacernos mejores personas, o al menos, más abiertas y tolerantes.

Call me by your name es una de esas películas que dejan poso, que te hacen sentir extraño durante días y que por alguna razón, no te las puedes quitar de la cabeza. Para mí esto es determinante y marca la diferencia entre una buena peli, y otra que no lo es tanto.

En definitiva, #CMBYN es un canto a la vida, al amor sin prejuicios y a la libertad.

Touché.